13 de June del 2016

EXPRESIONES PSICOPATOLÓGICAS DE AUTORREGULACIÓN DEL MALESTAR PSICOFISIOLÓGICO EN LA INFANCIA: del “TIC al T.O.C.”

En cada momento del desarrollo evolutivo motor, perceptivo – cognitivo y social, el niño dispondrá de diferentes capacidades para  solucionar su malestar psíquico. Incluso a lo largo del desarrollo de un trastorno, los síntomas pueden ir evolucionando ya que en cada momento el niño contará con un arsenal de medios diferente (comportamientos, lenguaje, motricidad…), para expresar y controlar sus dificultades psicológicas. Tanto su neurodesarrollo como el contexto relacional y familiar en el que se desenvuelve, van a propiciar que las manifestaciones clínicas (síntomas y signos de su malestar) se hagan cada vez más complejas.

En el primer semestre de la vida, el único arsenal con el que cuenta para “protestar” y para descargar la tensión es la motricidad involuntaria, que de manera refleja calma su sensación difusa de pérdida de bienestar. Durante el primer año de vida se  va a ir produciendo la transformación de la motricidad involuntaria en voluntaria. La primera de ellas sirve para  la regulación del mundo interno del niño, la segunda le permite  regular sus  estados internos y las relaciones.

Encontramos a menudo que el contexto familiar es un factor decisivo para entender porque en un momento dado de la infancia se instaura un cierto trastorno y como según este contexto y dependiendo del momento del desarrollo infantil, los síntomas se van modificando, podemos decir que el niño “ se defiende como puede” y que no tienen la mism capacidad de hacerlo cuando es bebé, durante la primaria infancia, en el periodo escolar…..

¿Qué nos encontramos a menudo? Que al niño se le diagnostica sucesivamente de trastornos diferentes (Tics, Trastorno de Tourette, TOC, TDAH, Trastorno del comportamiento o Psicosis infantil, pueden ser entre otros diagnósticos sucesivos que se formulan  para dar cuenta de formas de malestar expresadas en la infancia bajo la forma de “descontroles”, sean estos en el área motórica o del comportamiento .

Los sucesivos diagnósticos crean confusión en el niño y en la familia y tienen un efecto iatrogénico, lejos de aportar comprensión y alternativas terapéuticas introducen al niño en rígidas categorías diagnósticas que a su vez  funcionan  como auténticas profecías  autocumplidoras. La atención se centra en el supuesto cerebro enfermo del niño, se deja de lado el contexto familiar, escolar…que modulan la evolución infantil: el coste es a menudo la cronificación del proceso tras grandes gastos económicos y de sufrimiento.

Una opción alternativa sería contemplar estos trastornos infantiles bajo una óptica evolutiva: en el niño, más aún que en el adulto, los trastornos fluyen, evolucionan, colocarles en su paisaje natural permite encontrar salidas terapéuticas impensables si nos quedamos tan solo con la etiqueta diagnóstica sin llegar a una visión procesual y global del trastorno mental.