13 de June del 2016

Ser padres hoy: la parentalidad en una sociedad en permanente cambio. Tratamiento trastornos afectivos Madrid

Los cambios sociales que estamos viviendo, tanto en cuanto a pautas culturales se refiere como los ligados a avances científicos y tecnológicos, nos llevan a tener que improvisar permanentemente roles y pautas relacionales nuevas en el seno de la familia. Hasta el  punto que resulta difícil definir qué es hoy una familia normal, una familia “bien tratante”. No puede ser definida por descarte, a modo de diagnóstico por exclusión: “una familia bien tratante es aquella en la que se han descartado experiencias, actitudes, formas de maltrato”. Disponemos de conocimientos sobre cuáles son las modalidades relacionales que permiten al ser humano desarrollarse en la familia en buenas condiciones y realizamos terapias de familia para poder conseguirlo.


Familia: maternidad y paternidad

La fase de proyecto

Frecuentemente en las entrevistas hacemos a los padres que consultan por un hijo o hija la pregunta “¿Ha sido un hijo deseado? Afortunadamente hemos logrado separar la equivalencia entre hijo planificado e hijo deseado. Pero aun así, esta pregunta casi ritualista puede hacernos creer que existe una idea clara para todos de  lo que implica ser un hijo deseado, hay una  enorme polisemia  detrás de esta definición de hijo deseado.

El embarazo psicológico no empieza necesariamente al mismo tiempo que el biológico: a veces le precede, incluso puede existir en casos donde no va a haber embarazo biológico, transformándose en un deseo frustrado o satisfecho a través de experiencias de adopción, acogimiento familiar…Otras veces puede aparecer un embarazo biológico no precedido del deseo del hijo. Si bien existen circunstancias donde el rechazo del hijo puede conducir a una infertilidad, no siempre es así, un hijo puede haber sido concebido sin haber sido deseado.

Pero, ¿ que encontramos  detrás del deseo de tener un hijo? Circunstancias tan variadas como el deseo de consolidar una familia tras la constitución de una pareja, el deseo de equilibrar nuestra balanza de pagos transmitiendo a la generación siguiente aquello que hemos recibido, satisfacer nuestros deseos de dependencia ocupándonos de otro, circunstancialmente dependiente durante un largo trecho, sentir que por primera vez en la vida seremos la persona más importante para alguien, buscar una razón para vivir o para frenar nuestras tendencias autodestructivas…estas y millones de razones están detrás de esa cuestión del deseo del hijo.

Ojalá que estas razones fueran conscientes para los padres, algunas son claras, otras intuidas, en buena medida ignoradas cuando no negadas. Nuestra experiencia, personalidad, mitos familiares y sociales, constituyen materiales con los que construimos ese primer proyecto, donde el deseo de hijo pasa a la fase de boceto y cuya construcción no finaliza en el parto, por supuesto, sino que nos acompañará todo a lo largo de nuestra vida.
La terapia de pareja

En las publicaciones sobre el embarazo se hace  referencia a menudo a  la gran vulnerabilidad de la mujer durante este periodo. Y no sólo de la mujer, a medida que nuestra sociedad permite al varón una mayor implicación en la crianza de los hijos, percibimos un cambio de rol, observamos la sensibilidad de los  padres en sus actos de comunicación con el futuro hijo ( como acarician  la tripa de su mujer embarazada, como se emocionan  al oír los latidos cardíacos…).También vemos  sus tendencias protectoras hacia la madre y a veces  sus depresiones peri-natales, no siempre  detectadas ni  tenidas en cuenta. Estos procesos deben ser observados y en caso de necesidad, es mejor acudir a una terapia en pareja, antes de que el problema se agrande.

El embarazo es en mayor o menor grado fuente de ansiedad para los padres, el hijo proyecto, aún a pesar de las ecografías tri o n-dimensionales de las que vamos disponiendo, seguirá siendo una incógnita, no sólo acerca de cómo va a ser sino y, creo que puedo afirmarlo, fundamentalmente de quienes somos nosotros, (padre, madre), cuál va a ser nuestra  capacidad y calidad para construir este nuevo hijo. Y ésta si es una experiencia casi universal de los padres, implícita en el deseo del hijo: la necesidad de ser confirmados como padres y como personas.

La construcción pre-natal, tanto en los aspectos físicos como psicológicos, está dejando de ser un momento completamente ignoto para pasar a ser un mundo cada vez más conocido: el desarrollo de los sentidos en la fase intra-uterina, las respuestas fetales ante estresores físicos o emocionales, la capacidad de discriminación que tiene el feto para  la voz materna como algo diferente a otros ruidos que le llegan a través del líquido amniótico, los modos como le llega  la voz del padre, a la que percibe  no solo como ruido externo sino a través de las respuestas emocionales de la madre…todo esto y mucho más son conquistas en el  conocimiento de este periodo de la vida humana en la fase intra- uterina, aún más apasionantes según mi modo de entender que la llegada del hombre a la luna.

Disponemos de múltiples escalas de evaluación para detectar factores de riesgo durante esta fase de proyecto-embarazo, evaluar el riesgo de trastornos y problemas en la maternidad. Considero que una de las más fiables para evaluar la madurez que tienen los futuros padres para confrontarse a esta tarea de ser padres, es ver en qué medida son capaces de distinguir entre el hijo proyecto, hijo ideal, y el hijo real que está por venir y el aceptar ese hijo real sea cual sea la diferencia con el hijo virtual que habían concebido. La primera condición de la idoneidad para ser padres  podríamos verla así: la capacidad para de-construir el hijo virtual y a través de este trabajo  construir un hijo real, con necesidades y expectativas propias.
Trastornos en la infancia

Desde el inicio podemos decir que padres e hijo, y de modo especial madre- hijo, se construyen mutuamente. Ya durante el embarazo los signos de la evolución fetal, el mayor o menor malestar que  la madre percibe durante su  gestación…van a condicionar  en parte el que tenga  una imagen positiva o negativa de su futura condición de madre. Este proceso se hace más intenso a partir del nacimiento, las interacciones visuales, olfativas, táctiles, sonoras…entre madre e hijo contribuyen a esta co-creación, a la vez que se transforman en señales que van adquiriendo un significado para todos, de modo fundamental para la madre.

Cada una de las respuestas del bebé (sonrisas, llantos, pautas alimenticias, ritmos de sueño…) van a actuar sobre la madre, la construyen como madre. La sonrisa refleja, interpretada por la madre, se acabará transformando en una sonrisa social…Cuando las circunstancias son favorables, la interacción madre hijo tiene una gran riqueza de matices: en los modos  cómo la madre se adapta a las pausas de succión se  estarán construyendo las primeras bases del diálogo con su hijo; gestos, ruidos, sonrisas, movimientos…presentan una amplitud de matices, la madre con su respuesta actúa de cámara de resonancia y va consiguiendo cada vez una mayor gama de registros.

Incluso los patrones de género van a desarrollarse ya en esas primeras etapas: el tiempo de latencia en las respuestas de la madre ante las señales de protesta del bebé, la forma y por donde es sostenido el recién nacido, tienen improntas diferentes según se trate de un varón o una niña.La cultura matiza modos de relación que no están determinados por  los caracteres sexuales biológicos sino que, de modo inconsciente, vienen marcadas por la cultura.

La tecnología ha avanzado a pasos agigantados en cuanto a la reproducción se refiere: paralelamente a la alteración del ciclo vital (maternidades y paternidades cada vez más tardías), descubrimientos científicos permiten respuestas variadas tanto a los problemas de infertilidad como a aquellas situaciones psicológicas y sociales donde el hijo no puede o no se desea concebir en el seno de una pareja. Reproducción asistida, inseminación artificial, vientres de alquiler…la adaptación psicológica sigue un ritmo más lento que los avances técnicos. Es frecuente que antes de haber siquiera iniciado el duelo de la fertilidad se comiencen exploraciones y técnicas asistidas, durante las cuales rara vez se trabaja con estos padres sobre los modos de como construyen su embarazo psicológico en estas circunstancias. A pesar de que las investigaciones muestran los buenos resultados que se obtienen cuando con estos padres se trabaja los recursos para asumir mejor el duelo de la paternidad biológica.

Cuando deciden iniciar el camino de la fertilidad asistida, múltiples interrogantes se abren durante este proceso para ambos miembros de la pareja: el deseo del hijo se entremezcla con el rechazo a los largos, costosos y duros procedimientos que sufren. A ello se unen los propios mitos en torno a la maternidad-paternidad: ¿podré sentirme madre al cien por cien si el óvulo ha sido donado? ¿Sabré transmitirle a mi hijo “este es tu padre”, sabiendo como sé que el esperma proviene de un donante? ¿No es algo contra-natura que una mujer que puede tener hijos pero no quiere tenerlos se preste a embarazarse para que un hombre, una mujer, una pareja homo o heterosexual puedan satisfacer sus deseos de tenerlos? Es una muestra  de las preguntas que las nuevas formas  de paternidades y maternidades hacen aflorar en nuestros pacientes durante las consultas.

Estamos hablando de  estos momentos iniciales de la creación de la familia en torno al nacimiento no porque consideremos  que en ese momento finalice para la familia su trabajo de matriz social del individuo, sino por remarcar la ingente tarea que padres y  entorno familiar deben asumir en ese momento. Los padres a partir del nacimiento continuarán llevando a cabo la construcción incluso biológica del cerebro de su bebé,  un cerebro tan prematuro en el nacimiento que de  los cuidados que reciba va a depender el que se pueda producir una evolución normal, que supone entre otras cosas que ese cerebro va a aumentar su peso pasando, como es necesario, a triplicarse en solo 3 años, y desarrollando una multitud de conexiones entre las neuronas de modo rápido. El conocimiento de la biología nos está permitiendo ver las cosas que ya antes intuía la clínica,  entre ellas el efecto devastador de carencias y negligencias en esta fase en la que los padres necesitan estar bien cuidados por el entorno para llegar a ser ellos unos buenos cuidadores del recién nacido. Esto es de vital importancia para evitar posibles trastornos en la infancia.

La construcción no solo del cerebro sino del humano dura toda una vida: en la familia se aprende el placer de la autonomía y el de la separación, la socialización, la reflexión, el sentido de sí mismo y de los otros. La familia será luego  ayudada progresivamente por la escuela, los amigos, la movida hormonal de la adolescencia, la pareja, el nacimiento de la siguiente  generación…Pero, sin ser deterministas, lo aportado por la familia en el proceso de cimentación va a ser crucial para el desarrollo del individuo. De aquí la importancia de dotarnos de medidas legislativas y de cuidados adecuados para que la familia pueda desempeñar con acierto un rol tan crucial.

Si necesitas tratamientos de trastornos afectivos en Madrid no dudes en acudir a Psicoact y consultar con sus médicos profesionales y técnicos.

Teresa Suarez